Domingo 07 de junio de 2026
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Un 10 de mayo abrió el cine Boconó: Quien entró lloró con "Cuando los hijos se van"

Sol radiante y butacas nuevas: Nace el Cine Boconó
Como antesala a la celebración del Día de las Madres en Venezuela —que se festejaría el domingo siguiente—, la sala abrió justamente un 10 de mayo, fecha en la que se conmemora a las madres en México. Por esta razón, la película proyectada para el gran estreno fue “Cuando los hijos se van”, una joya del cine mexicano de 1940 ideal para la ocasión.

Un 10 de mayo abrió el cine Boconó: Quien entró lloró con
Un 10 de mayo abrió el cine Boconó: Quien entró lloró con "Cuando los hijos se van"
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Viajemos al miércoles 10 de mayo de 1950. Era un mes de lluvias, pero ese día amaneció con un sol radiante. Una de las grandes atracciones de la jornada fue la inauguración del Cine Boconó, ubicado en la avenida 16 (Socorro), esquina con la calle 96 (antigua calle Colombina o calle 95/96, según mapas vecinales), a solo una cuadra de la tradicional calle El Tránsito.

Desde las 7:00 p. m. ya se formaban colas para comprar las entradas de la función de las 8:00 p. m. Los precios eran accesibles: 0,50 bolívares (un real) para la parte baja, que no tenía techo y era al aire libre; y 1,00 bolívar para las tres últimas filas, las cuales contaban con techo y atención VIP.

Lágrimas saladilleras: Un estreno con diez años de historia

Como antesala a la celebración del Día de las Madres en Venezuela —que se festejaría el domingo siguiente—, la sala abrió justamente un 10 de mayo, fecha en la que se conmemora a las madres en México. Por esta razón, la película proyectada para el gran estreno fue “Cuando los hijos se van”, una joya del cine mexicano de 1940 ideal para la ocasión.

Dirigida por Juan Bustillo Oro, contó con un elenco principal de estrellas: Marina Tamayo como la interesada hermana menor, Amalia; Sara García como la abnegada madre, doña Lupita; Fernando Soler como el estricto y justo padre, don Pepe; Joaquín Pardavé como Casimiro, el entrañable amigo de la familia; Emilio Tuero como Raimundo, el noble hijo falsamente acusado; y Carlos López Moctezuma como José, el hermano ambicioso y antagonista de la historia. Según cuentan los cronistas, todo el que entró a la sala terminó llorando con el drama.

En la época dorada de las salas de cine en Maracaibo, la Empresa Baralt era dueña de no menos de diez locales, incluyendo el Cine Boconó.

Adiós, muchachos: Las luces se apagan en los ochenta

A partir de la década de los 80, los cines de Maracaibo comenzaron su naufragio. Muchos de ellos migraron a la proyección de películas para adultos, transformando aquellos antiguos espacios familiares en lugares de vicios y "gente de mal vivir".

Al consultar en internet sobre los factores que ocasionaron el cierre definitivo de estas salas —y su posterior mutación en templos evangélicos, galpones para talleres o depósitos—, se devela que la decadencia comenzó a principios de los años 80 y se profundizó drásticamente en las décadas siguientes debido a una combinación de factores tecnológicos, económicos y sociales. Este colapso se dividió en varias etapas críticas.

Betamax, VHS y el bum de los centros comerciales

El auge del formato Betamax y VHS revolucionó el consumo de entretenimiento. Las familias marabinas prefirieron alquilar películas en formatos físicos para verlas desde la comodidad y seguridad de sus hogares, en lugar de asistir a los grandes teatros de aforo masivo.

Al mismo tiempo, ocurrió una migración hacia el concepto de "Centro Comercial". El público abandonó las estructuras independientes de los cines de barrio (como el Cine Royal en el 18 de Octubre, el Imperio en Santa Lucía o el Landia en Bella Vista) para trasladarse a los nacientes complejos integrados, los cuales ofrecían estacionamiento privado, seguridad y múltiples opciones en un solo lugar.

Ante esto, surgió el éxodo de los dueños de las salas. Incapaces de costear el mantenimiento de grandes infraestructuras con aire acondicionado central o de competir frente al abandono de los cascos centrales urbanos, las empresas operadoras empezaron a cerrar, vender o alquilar los inmuebles. En su mayoría, estos terminaron convertidos en templos de congregaciones religiosas, talleres de reparación o depósitos mercantiles.

La recesión de los noventa golpea las pantallas

Durante la década de los 90, se desató una fuerte crisis financiera en la industria. El circuito de distribución y exhibición en toda Venezuela sufrió un freno severo provocado por la inestabilidad de la moneda y la devaluación económica posterior al Viernes Negro.

A esto se le sumó una grave falta de reinversión. La incapacidad de adquirir nuevos proyectores, mejorar las salas o renovar las tecnologías frente al nacimiento mundial del sonido envolvente dejó a los cines tradicionales de Maracaibo completamente obsoletos.

Apagones y pandemia: La estocada final del nuevo siglo

Ya entrados los años 2010, los problemas crónicos con el suministro eléctrico en el estado Zulia forzaron la cancelación total de las funciones nocturnas, afectando severamente a las matinés tardías y tandas de noche. Además, la inseguridad desestimuló por completo las salidas de entretenimiento nocturno.

Finalmente, la crisis general y el confinamiento de 2020 terminaron por destruir el negocio. La hiperinflación de 2018 ya había desviado el ingreso de los ciudadanos estrictamente hacia la alimentación y prioridades básicas, volviendo el cine un lujo inalcanzable para la mayoría. El golpe de gracia para los complejos que aún resistían fue el cierre prolongado por la pandemia de COVID-19, del cual muchas salas comerciales modernas no lograron recuperarse a nivel global y nacional.

Con recursos de internet

JC

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