Durante años se habló del oro venezolano depositado en el Reino Unido. Hoy, en cambio, casi nadie menciona ese tema, como si el paso del tiempo hubiese normalizado una situación que sigue siendo excepcional. Sin embargo, el oro sigue allí, el litigio continúa y el país sigue necesitando recursos.
Conviene aclarar un punto esencial: el oro es de Venezuela. Nunca ha existido una controversia real sobre su propiedad. Fue depositado por el Banco Central como parte de las reservas internacionales del Estado. El problema, por tanto, no es patrimonial.
La razón de la retención ha sido otra: el reconocimiento.
En el sistema jurídico del Reino Unido, los tribunales no deciden quién es el gobierno legítimo de un Estado extranjero. Esa es una competencia exclusiva del Ejecutivo británico, y los jueces están obligados a seguir esa posición oficial en virtud del principio de reconocimiento del gobierno establecido por la práctica constitucional británica. Mientras no exista una autoridad venezolana reconocida de forma clara para impartir instrucciones válidas, los activos permanecen inmovilizados.
Para dimensionar el asunto, en las bóvedas del Banco de Inglaterra reposan aproximadamente 31 toneladas de oro venezolano, cuyo valor actual asciende a varios miles de millones de dólares.
Estas medidas no constituyen una confiscación definitiva. Son consecuencias jurídicas derivadas del problema de reconocimiento institucional. Si ese presupuesto cambia, el bloqueo pierde fundamento.
El contexto internacional reciente añade un elemento interesante. En marzo de 2026 autoridades estadounidenses anunciaron la llegada a Estados Unidos de un primer cargamento de oro venezolano, en el marco de licencias que permiten ciertas operaciones con la empresa estatal Minerven. Este hecho demuestra que, cuando existen decisiones políticas que lo permiten, el oro venezolano puede volver a circular en los mercados internacionales.
En ese escenario, Estados Unidos —que mantiene una relación histórica, política y estratégica muy estrecha con el Reino Unido— podría incluso desempeñar un papel de facilitador para destrabar el problema del reconocimiento que mantiene inmovilizadas las reservas en Londres. Incluso podría explorarse una solución en la que ese oro sea adquirido por Estados Unidos, permitiendo convertir un activo bloqueado desde hace años en recursos líquidos para Venezuela.
La vía judicial es legítima. Pero cuando el obstáculo es esencialmente político, la diplomacia suele ser más rápida y más eficaz.
Porque el verdadero problema nunca ha sido la propiedad del oro.
El problema ha sido el reconocimiento.
Dr. Juan Pablo Montiel