Al mediodía de este Miércoles Santo, la fe se hizo sentir en Maracaibo mientras los devotos se preparaban para la procesión del Nazareno de San Pablo. A pocas horas del recorrido, los devotos acudieron a los templos del casco central para elevar sus oraciones y relatar el significado de la Semana Mayor en sus vidas.

Noris Romero: La fe como un hábito de vida
En el interior de la Basílica de Nuestra Señora de Chiquinquirá, el hábito morado de Noris Romero de García no es solo una vestimenta, es un testimonio de vida. A sus 60 años, esta devota marabina refleja una fe que nació en su infancia y que hoy se traduce en gratitud. Su ritual comienza cada Domingo de Ramos con la bendición de las palmas, las cuales coloca detrás de la puerta de su casa como símbolo de protección, bajo la firme convicción de que "la oración tiene poder".

Para Romero, la Semana Santa es un tiempo de reconciliación profunda. Al observar la imagen del Nazareno, sus peticiones se transforman en lágrimas de entrega. "Agradezco al Señor por la vida y pido que me siga alumbrando el camino; esa cruz que Él lleva es por el perdón de nuestros pecados", afirma con una serenidad que conmueve.

Sin embargo, su devoción no se queda en el templo. Noris une la fe con la acción social, pues sostiene que el verdadero encuentro con Dios ocurre en la calle. Para ella, ayudar a quien lo necesita o rezar por la salud de los niños es, en realidad, tenderle la mano al mismo Creador. Además, asegura que, aunque los planes de Dios sean distintos a los nuestros, aferrarse a Él es la única garantía de ir por el camino correcto.
Luis Alberto Bravo: La tradición que persiste en el trabajo
En medio del ajetreo comercial del casco central, Luis Alberto Bravo, de 72 años, mantiene su devoción mientras atiende su negocio de variedades. A pesar de la cercanía de la procesión, sus responsabilidades laborales le impidieron asistir a los actos litúrgicos este Miércoles Santo.

Bravo se define como creyente "desde chiquitico" y asegura que, aunque él debe trabajar, la tradición vive en su casa. Relató que la señora con la que vive mantiene el ritual del sahumerio cada año, esparciendo el humo por toda la vivienda como un símbolo de purificación que él respeta profundamente.
Con algo de nostalgia, Luis Alberto observa cómo han cambiado las costumbres. Aunque lamenta que el silencio de antes haya sido sustituido por el ruido de las vacaciones, su mensaje final fue una invitación: animó a los marabinos a no dejar de ir a los templos para mantener viva la esencia de la Semana Mayor.
Ingrid Silva: El llamado a la reflexión
Cerca del Centro de Arte Lía Bermúdez, Ingrid Jazmín Silva, comerciante de 61 años, defiende el carácter sagrado de estos días. Para ella, este período es un resguardo espiritual que conmemora el sacrificio y la resurrección de Cristo, a quien define como el personaje más importante de la humanidad.

Silva rechaza que estos días se utilicen para ir a la playa o consumir alcohol. "Dios es real y verdadero; este es un tiempo de reflexión", afirmó la entrevistada, quien busca paz interior escuchando música sacra y cantos gregorianos. Asimismo, expresó su preocupación por la pérdida del sentido religioso en la sociedad actual, pidió por la seguridad en las carreteras y lamentó que muchos olviden la solemnidad que exige esta fecha.
A pesar de las diferencias en las maneras de vivir y expresar la fe, lo que une a los feligreses marabinos en esta Semana Santa es la profunda devoción y el compromiso con sus tradiciones. En cada oración, en cada acto de reflexión o en la simple presencia en los templos, se fortalece el sentido de comunidad y esperanza que caracteriza a esta ciudad. La fe, en sus múltiples formas, sigue siendo un pilar que impulsa a cada uno a vivir estos días con respeto, gratitud y esperanza.






Texto: Gladys Castillo/Pasante
Fotos: Gladys Castillo y Estefany Montoya/Pasantes
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