En la zona norte de Maracaibo, enclavado en la parroquia Coquivacoa, está Santa Rosa de Agua, un asentamiento palafítico que representa un tesoro cultural con más de 200 años de historia conocida.
Este pintoresco rincón, ubicado al final de la avenida 6 (Milagro Norte), es la herencia viva de la etnia Añú, cuyos habitantes construyeron sus casas de madera sobre pilotes directamente sobre el Lago de Maracaibo.
Esta arquitectura única le ha valido el apodo de "Venecia venezolana", pues se dice que estas viviendas inspiraron el nombre del país, ya que recordaban a los exploradores europeos la pequeña Venecia. Hoy, Santa Rosa de Agua es un referente turístico y pesquero, donde el agua no es un simple paisaje, sino la calle por la que transcurre la vida.
Una historia de miles de años y batallas libertarias
La historia de este pueblo se pierde en el tiempo, estimándose que el asentamiento podría tener entre 2,000 y 6,000 años, existiendo mucho antes de la colonización hispana.
Sus fundadores, los indígenas Paraujanos, que emigraron desde la Guajira, se asentaron sobre palafitos como respuesta a su mitología, la cual relata que llegaron tarde cuando el Padre repartió la tierra y les fue asignado vivir sobre el agua.
Antropológicamente, ha sido difícil rastrear su pasado exacto debido a que la etnia no ha dejado rastro arqueológico, pero se sabe que son una herencia directa de los autóctonos y el mestizaje europeo.
Además de su valor ancestral, la zona fue escenario de la Batalla Naval del Lago el 24 de julio de 1823, específicamente entre Capitán Chico, Santa Rosa de Agua y Bella Vista, un enfrentamiento decisivo que selló la independencia de Venezuela frente a España.
Fe y tradición sobre las olas
La cultura de Santa Rosa de Agua se mantiene vibrante a través de sus tradiciones religiosas y artesanales. Cada 30 de agosto, la comunidad se viste de gala para celebrar las Fiestas de Santa Rosa de Lima, donde la imagen de la Santa recorre el lago en una procesión sobre las canoas de los pescadores, acompañada de fuegos artificiales para que bendiga sus aguas y les brinde protección.
La cultura de Santa Rosa de Agua se mantiene vibrante a través de sus tradiciones religiosas y artesanales. Cada 30 de agosto, la comunidad se viste de gala para celebrar las Fiestas de Santa Rosa de Lima, donde la imagen de la Santa recorre el lago en una procesión sobre las canoas de los pescadores, acompañada de fuegos artificiales para que bendiga sus aguas y les brinde protección.
El corazón espiritual del sector es su iglesia principal, que cuenta con más de 60 años, y la emblemática Capilla Santa Lucía, situada cerca de la plaza Gran Cacique Nigale. En los alrededores de esta plaza, el visitante puede encontrar la esencia del Zulia en ventas de cestería, tapices de enea, chinchorros y figuras de mangle, manteniendo viva la tradición artesanal de la zona.
Un paraíso gastronómico y turístico
El turismo en Santa Rosa es una experiencia sensorial completa que despierta el apetito con el olor a pescado frito y música alegre.
Existen más de 12 restaurantes donde la oferta gastronómica se centra en palafitos sobre el agua, como La Playa, La Romancera, El Paraujano, El Bohío de Charan y El Capitán, donde se ofrecen platos como la lisa rellena, el mojito en coco, la fosforera y el famoso "cruzao" de mariscos, entre otros.
Los precios son accesibles, con platos familiares para 6 personas entre 20 $ y 40 $, o combos cumpleañeros de 30 $ que incluyen pescado, ensalada, patacones, bebidas, aguacate y hasta una torta.
El ambiente está siempre impregnado de música agradable, gracias a que este sector es cuna de innumerables artistas y cultores populares. Entre ellos destaca la figura del señor Jacobo Romero, un baluarte de la comunidad de decimistas de Santa Rosa, quien con su voz mantiene viva la esencia del folklore. Es común escucharlo interpretar piezas icónicas como "Maracaibo Florido" (autoría de Rafael Rincón González y popularizada por Don Armando Molero), regalando a los visitantes una banda sonora perfecta mientras el olor a pescado frito y la brisa del lago completan una atmósfera llena de vida.
Para completar la jornada, los capitanes Enderson Ortega o Pablo Olivares ofrecen paseos en lancha por 2 $ por persona, permitiendo a los turistas disfrutar del ambiente relajante de la brisa marinera y observar a los niños divertirse en las orillas del lago.
El calor de su gente y su música
Visitar Santa Rosa de Agua es sumergirse en una experiencia auténtica y familiar, donde se siente el regocijo desde antes de pisar los palafitos. La mayoría de sus residentes son personas oriundas, amables y alegres, orgullosas de su labor diaria y de representar la cultura zuliana de la mejor manera.
En el lugar se escucha música alegre y agradable que, junto al exquisito olor a pescado frito, despierta el apetito de nativos y turistas. Se siente un ambiente de festejo constante que levanta el ánimo de cualquier visitante, mientras los niños se divierten bañándose en las orillas y los pescadores pasean en sus canoas, creando una atmósfera relajante y llena de vida.
Santa Rosa de Agua no es solo un destino; es el testimonio vivo de una resistencia milenaria que se niega a desaparecer. Entre el aroma a pescado fresco, el sonido de la música que alegra el espíritu y el calor de una gente amable y orgullosa de sus raíces, este rincón de la parroquia Coquivacoa sigue demostrando por qué es el corazón más auténtico del Zulia.
Visitar sus palafitos es reencontrarse con la historia de Venezuela y entender que, para los Añú, el Lago de Maracaibo no es una frontera, sino el hogar que los abraza día tras día. Hoy, Santa Rosa permanece como un símbolo de identidad cultural y un recordatorio de que la tradición, cuando se lleva en la sangre, es capaz de mantenerse a flote por encima de cualquier tiempo.
















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Noticia al Día / Mariangel Piña / Pasante
Fotos y videos: Leila González.