Hay una casa en la calle 89B con avenida 10, donde el mundo parece detenerse para darle paso a la ternura. Allí, tras las puertas de Centro Veterinario Petit Vet, no te recibe el olor frío de una clínica, sino la calidez de un equipo que atiende con una sonrisa que nace del alma. No es solo una veterinaria; es el refugio que las hermanas Yanetzy y Yunetzy Petit soñaron desde niñas para que ningún animalito volviera a sentir miedo al ir al doctor.
La historia de este oasis comenzó hace diez años, cuando la Dra. Yunetzy Petit se graduó de la Universidad del Zulia con un solo norte: dedicar su vida a los animales. Lo que empezó como un morral cargado de instrumentos para visitar casas y sanar mascotas a domicilio, floreció hoy en un centro integral de bienestar. Junto a su hermana, también veterinaria con cinco años de experiencia, han creado un espacio que parece más un spa de paz que un hospital.



«Desde que tengo memoria supe que esto era lo mío», confiesa la Dra. Yunetzy con un brillo especial en los ojos. «Mi misión no es solo curar un cuerpo, es aliviar un alma. Queremos que el animalito no sufra, que se sienta acompañado y que, si tiene que estar con nosotros, no extrañe su casa».


El concepto «Zero Stress»
Al entrar al Centro Veterinario Petit Vet, el estrés se queda afuera. El lugar ha sido diseñado para desestresar a los peluditos de la casa desde el primer paso:
- Hospedaje con «Sabor a Hogar»: Su hotel para perritos sanos es único. Aquí no hay jaulas frías; hay una simulación de rutina. Si tu perrito duerme a una hora o pasea de cierta forma, las hermanas Petit y su equipo replican ese ritual exacto. Comen como en casa y juegan como en casa.
- Peluquería de Consentidos: El área de grooming es un ritual de belleza y calma, donde el agua y el cepillo se usan con la paciencia de quien baña a un hijo.
- Atención Especial: Aunque su fuerte son los perros y gatos, también reciben con amor a la fauna silvestre y mascotas no convencionales (bajo previa cita), porque para ellas, toda vida merece respeto y ternura.


A pesar de contar con quirófano, laboratorio y hospitalización para casos críticos, las hermanas Petit tienen un mensaje insistente para las familias: » Las mascotas también son parte de la familia y deben mantenerse sanas «.
«Nos parte el corazón cuando llegan perritos que ya agotaron todas sus señales de auxilio», explican. «La medicina preventiva es el acto de amor más grande. Un refuerzo de vacuna o un chequeo a tiempo es más económico para el bolsillo, pero sobre todo, le regala años de vida feliz a ese ser que te espera al llegar a casa».

La Dra. Petit admite que lo más difícil en esta década no ha sido la medicina, sino tratar con el «tutor» (el dueño). «Uno viene con el chip de amar a los animales, pero hay que aprender a guiar a las familias, a decirles con firmeza y amor lo que es mejor para su mascota. Nuestra satisfacción más grande es ver a un paciente recuperado o, en los momentos difíciles, saber que se fue sin dolor y sintiéndose amado».
El Centro Veterinario Petit Vet es, en esencia, el reflejo de dos hermanas que nunca dejaron de ser aquellas niñas que amaban a los animales. Hoy, en esa casa de la calle 89B, ellas no solo recetan medicinas; ellas regalan paz, tiempo y una segunda oportunidad a los que más amamos.
Arelys Munda
Imágenes: Leila González / Estefany Montolla
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