Viernes 06 de febrero de 2026
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Euclides Andrea: El guardián de las miniaturas de la Plaza Baralt !NO MERECE VIVIR ASI!

Al fondo, en un rincón donde la vista apenas alcanza a distinguir las formas, yace una pequeña cama con un colchón desgastado, un televisor viejo y un baño en ruinas donde parecen haberse estancado las penas.

Euclides Andrea: El guardián de las miniaturas de la Plaza Baralt !NO MERECE VIVIR ASI!
Euclides Andrea / Imagen: Leila Gonzalez
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Quien entra hoy a lo que fue el antiguo anticuario de libros, al lado del Convento en la Plaza Baralt, se golpea con una realidad asfixiante. El calor es sofocante y la oscuridad casi total.

Al fondo, en un rincón donde la vista apenas alcanza a distinguir las formas, yace una pequeña cama con un colchón desgastado, un televisor viejo y un baño en ruinas donde parecen haberse estancado las penas. Allí, rodeado de discos viejos, pinturas y la compañía de dos gatos en una mecedora, habita Euclides Andrea, el artesano que reconstruyó la memoria de Maracaibo con sus manos y que hoy es devorado por la precariedad.

La historia de Euclides, de 70 años, es una de resiliencia. Quedó huérfano a los 12 años en Calabozo, Guárico. Antes de que el tiempo borrara los recuerdos, emprendió un viaje por toda Venezuela, Colombia, Brasil, Cuba y Trinidad para encontrar a sus seis hermanos dispersos. Esa travesía lo convirtió en un maestro integral: pintor, escultor, orfebre y finalmente, el carpintero que adoptó Maracaibo.

En los años 80, tras ver la demolición del barrio El Saladillo, Euclides decidió que la arquitectura de esas casas de vivos colores y techos de tejas no moriría. Junto a su compañero Freddy, comenzó a recoger la madera que otros botaban en las calles para transformarla en joyas de miniatura.

El trabajo de Euclides es de una minuciosidad asombrosa. Solía construir una casa y media por día, ensamblando cada pieza a mano, sin usar un solo clavo, uniendo puertas, ventanas y gárgolas con una pega especial de extrema resistencia. Hoy, su legado de entre 70 y 100 obras se exhibe en la sala Hildebrando Rossi del Grupo Mampara, en la calle Carabobo, como un homenaje a la identidad marabina.

Sin embargo, mientras el público admira su destreza en la galería, el artista sobrevive en un precario refugio.

Un diagnóstico urgente

Tras sufrir un accidente cerebrovascular (ACV) , la salud de Euclides se ha deteriorado gravemente. Aunque se mantiene lúcido, presenta:

  • Disminución severa de la fuerza muscular.
  • Dificultad para articular palabras.
  • Dificultad para caminar y mover sus brazos
  • Necesita varios exámenes médicos como una resonancia magnética cerebral, un ecocardiograma, un eco Doppler carotídeo y vertebrobasilar, además de rehabilitación fisiátrica.

Es una contradicción dolorosa que un hombre que ha salvado la memoria arquitectónica del Zulia no tenga hoy un techo digno donde recuperarse. Euclides vive solo; su único apoyo es su hermano, Antonio José Vilera Andrea, quien desde Maracay intenta gestionar una ayuda que no llega, ha presentado varias solicitudes en los distintos entes gubernamentales, pero lamentablemente no ha obtenido respuesta.

Euclides siempre ha dicho que en Maracaibo "la amargura nunca hace falta" y que se quedó porque la ciudad lo ganó y respetó. Hoy, es el momento de que esa ciudad le devuelva el favor.

Un artista de este calibre no puede habitar en un lugar donde "las penas y el olvido" son los únicos compañeros.

Quienes deseen aportar su granito de arena para la pronta recuperación de Euclides, puede comunicarse con su hermano Antonio José Vilera Andrea a través de los siguientes números de contacto: 0412-9561379 / 0424-6651508.

"Y de hacer el bien y de la ayuda mutua no os olvidéis; porque de tales sacrificios se agrada Dios", Hebreos 13:16.

Noticia Al Dia / Arelys Munda

Imágenes y video: Leila Gonzalez

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