Este juglar zuliano de raza wayúu tiene más de 50 años cantando en el centro de Maracaibo. Es ciego desde la infancia, padece glaucoma, artritis y tiene una pierna fracturada tras ser arrollado en 2.019. Toca con un viejo cuatro de tres cuerdas que le regalaron y anhela tener una pensión del IVSS
Es un juglar que pasa desapercibido entre el tumulto de personas que a diario frecuentan el Unicentro Las Pulgas en busca de ofertas, pero sus tonadas mexicanas alegran todas las mañanas en ese lugar, donde tiene más de 20 años cantando y temas de su artista preferido Antonio Aguilar.

Los comerciantes de la zona lo quieren, lo cuidan y hasta lo ayudan a montarse en un autobús para ir de regreso a su casa en el barrio Catatumbo, en el norte de Maracaibo, pues Vicente Rafael Fernández (72), es ciego desde que tenía ocho años de edad a causa del contraer sarampión.
Este Vicente Fernández zuliano es de raza wayúu y nació en 1.953 en el poblado de Cojoro, ubicado en la Alta Guajira venezolana. Desde niño manifestó dotes artísticos pero sus sueños se vieron truncados por su ceguera y la falta de apoyo por parte de su familia, por considerar que estaba perdiendo el tiempo.

Sin embargo, le encantaba escuchar música y sin importarle su discapacidad aprendió a tocar cuatro y a entonar las canciones mexicanas que colocaban en las radios locales de cantantes de fama internacional como Pedro Infante, Jorge Negrete, Miguel Aceves Mejías, Javier Solís y su ídolo, Antonio Aguilar.
En 1.982, cuando tenía 29 años de edad, decidió independizarse y viajó hasta Maracaibo, donde se radicó, se casó y procreó tres hijos, uno de los cuales reside en los Estados Unidos. Vicente probó suerte en Cabimas con sus rancheras, pero tras pasar mucho trabajo regresó a la capital zuliana.

Fue entonces cuando decidió cantar en la calle y eligió el centro de la ciudad para darle rienda suelta a los sueños que traía desde su infancia. Primero cantaba en el extinto Paseo Ciencias, pero luego de la construcción del monumento a la Virgen de Chiquinquirá, se mudó al centro comercial San Felipe.
Allí permaneció mucho tiempo hasta que después se fue al Unicentro Las Pulgas, donde fue bautizado como "El Gallo", ganándose el cariño de comerciantes de la zona. El rasgueo de las cuerdas de su cuatro y su voz tenue, cansada por la edad, es un vivo ejemplo de que "el que quiere hace más que el que puede".

La vida de este juglar zuliano no ha sido para nada fácil. Además de quedar ciego, a sus 72 años padece de glaucoma, artritis y tiene problemas para caminar debido a un accidente de tránsito ocurrido el Día de las Madres en 2.019 en Santa Cruz de Mara, cuando un vehículo lo arrolló dejándolo herido de gravedad.
Desde entonces, se moviliza con ayuda de un bastón y necesita ayuda para atravesar las calles y avenidas de la ciudad. Unos motorizados le regalaron un viejo cuatro con tres cuerdas con el que toca y se gana la vida horadamente. Vicente no tiene documentos personales y requiere asistencia médica.

Aún así, se arma de valor todos los días para salir a cantar "Por el amor de mi madre", "Cuatro Caminos", "El Último Trago" y "La Traidora", entre otros temas trascendentales de Antonio Aguilar. Sus amigos en el centro le cuentan el dinero que los transeúntes le arrojan en una caja de cartón que pone a sus pies y por las tardes, al término de su jornada, lo embarcan en un bus que lo lleva hasta el barrio Catatumbo.
Anhela tener un cuatro en buen estado para seguir cantando, sus documentos personales y una pensión del Instituto Venezolano de Seguros Sociales que lo ayude con sus gastos personales. Quienes deseen colaborar con Vicente Fernández solo deben ir al Unicentro Las Pulgas por las mañanas y sin dificultad, lo van a encontrar haciendo lo que más le gusta, cantar y tocar rancheras.

Noticia al Día / José Gregorio Flores
Fotos y Video: José Gregorio Flores