Un manto de profundo dolor, impotencia y consternación embarga a los habitantes de Sabaneta de Palmas, debido a la trágica y repentina muerte de Jean Carlos Paz Montero, de 44 años de edad, ocurrida en horas de la noche del pasado domingo 14 de mayo cuando regresaba al hogar de su familia a bordo de su motocicleta desde Punta de Palmas.
Jean Carlos, mejor conocido en esa zona costera como «Canito», iba para Sabaneta de Palmas con la cena para su esposa e hija, pero en el trayecto perdió el control de la moto y tras derrapar en la vía, pereció de manera inmediata ante la mirada de varias personas que presenciaron el fatal accidente.
Este suceso ha dejado una huella imborrable y un vacío imposible de llenar en el corazón de muchas personas, sobre todo entre sus familiares y amigos más cercanos, pues su alegría desbordante y su espíritu solidario lo convirtieron en un personaje entrañable y muy querido donde llegaba.
La noticia de su repentino deceso corrió como la pólvora, transformando el habitual oleaje de la zona en un murmullo de incredulidad y tristeza que no tardó en expandirse hacia los pueblos vecinos de Punta de Palmas, Punta Vigía, Los Jovitos, Bella Vista y la capital municipal, Los Puertos de Altagracia, donde «Canito» gozaba del cariño de mucha gente.
Quienes conocieron a Jean Carlos coinciden en que su partida apaga una de las sonrisas más genuinas de esa zona costera. Era un hombre excepcionalmente alegre, jocoso y amistoso, de esos que transformaban cualquier rincón con su buen humor y que mantenía un lazo inquebrantable de amor y lealtad hacia su hermosa familia y su enorme círculo de amigos. Su vida estuvo volcada a tender la mano y a contagiar su optimismo, razones por las cuales gozaba del aprecio unánime de todo aquel que lo conocía.
El reflejo de ese inmenso cariño se evidenció en su último adiós. Cientos de personas, con los rostros desencajados por el dolor pero firmes en el propósito de honrar su memoria, caminaron a paso lento y solemne acompañando el cortejo fúnebre. Muchas personas, llevaron en hombros y escoltaron el féretro con sus restos hasta el cementerio de Sabaneta de Palmas.
En el camposanto, en medio de escenas de hondo dramatismo y lágrimas incontenibles, el padre Alex Daboin, párroco de la Iglesia San José de Sabaneta de Palmas, ofrendó una emotiva eucaristía de cuerpo presente. El líder religioso elevó oraciones por el descanso eterno de su alma y pidió fortaleza divina para su hoy viuda, sus hijos y demás familiares, quienes asimilan con extrema dificultad la dolorosa realidad de haber perdido a un pilar fundamental. Sabaneta de Palmas despidió a uno de sus hijos más queridos, pero su esencia alegre promete quedarse sembrada para siempre en la memoria de su gente.

Noticia al Día / José Gregorio Flores
