Martes 23 de julio de 2024
Opinión

El hundimiento del Eje Rom Tokyo-Berlin (1940-1945) (Por el Dr. Ángeñl Rafael Lombardi Boscán)

“La misma noche en que yo estaba hablando en la Cámara de los Comunes sobre el resultado de nuestros esfuerzos…

El hundimiento del Eje Rom Tokyo-Berlin (1940-1945) (Por el Dr. Ángeñl Rafael Lombardi Boscán)
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“La misma noche en que yo estaba hablando en la Cámara de los Comunes sobre el resultado de nuestros esfuerzos en Yalta, tuvo lugar en Rumania la primera violación rusa, tanto del espíritu como de la letra de nuestros acuerdos. Todos nos habíamos comprometido en la Declaración sobre Europa Liberada, que tan recientemente se había firmado, a que en los países ocupados por los Ejércitos aliados se celebraran elecciones libres y se establecieran Gobiernos democráticos”.

“La Alemania de Hitler estaba condenada sin remedio, y él mismo a punto de perecer. Los rusos luchaban en Berlín. Viena y la mayor parte de Austria estaba en sus manos. Las relaciones entre Rusia y los aliados occidentales se hallaban en una situación de delicado equilibrio y todos los asuntos referentes al futuro estaban todavía faltos de solución”.

Ambas citas las hemos recogido en las “Memorias” de Winston S. Churchill y calibran muy bien el desenlace de una guerra total a nivel planetario. Sesenta millones de seres humanos perecieron dejando secuelas terribles en los sobrevivientes.

La carrera hasta Berlín fue ganada por los rusos. Estos pasaron en un santiamén de liberadores a opresores. En “¡Tierra, Tierra!”, Sándor Márai evoca el proceso brutal de la bolchevización de más de cien millones de europeos en la zona austro-húngara dejados a la buena de Dios por Occidente.

La Bomba Atómica fue el freno de seguridad de los estadounidenses contra la URSS de Stalin. Aunque no por mucho tiempo. En agosto de 1949 los soviéticos lanzaron la RDS-1, una bomba de plutonio. La Guerra Fría se hizo cada vez más caliente.

La cooperación entre los países del Eje fue siempre ruinosa. Alemania muchas veces tuvo que ayudar a sacar las patas del barro a una Italia errática en África del Norte, Grecia y Yugoslavia. A su vez la relación entre Berlín y Tokio fue distante y presa de la desconfianza. Nunca ambos estados mayores mantuvieron contactos para orientar el rumbo de la lucha. Todo lo contrario sucedió entre los aliados ingleses, estadounidenses y soviéticos.   

¡Italia! El 2 de mayo de 1945, casi un millón de alemanes se entregaron como prisioneros de guerra y terminó la guerra en Italia. El fascismo italiano se energizó con las glorias del antiguo imperio romano. Mussolini les hizo creer una fantasía delirante. Italia nunca estuvo preparada para la guerra. Fue el aliado más torpe e incómodo de la alianza tripartita.

El fin de Mussolini no fue indecoroso como las versiones al uso nos han hecho creer. El Duce se entrevistó por última vez con Hitler a finales de marzo en Alemania. Ambos, con toda la evidencia en contra, seguían creyendo en la victoria final apostando a la baza de las nuevas armas secretas.

Todo fue una ilusión. Mussolini y algunos de sus partidarios tomaron un convoy desde Milán hasta la frontera Suiza. En el trayecto los partisanos emboscaron la comitiva de Mussolini y lo arrestaron. Al otro día se le fusiló, un 28 de abril de 1945, junto a su amante Clara Petacci. Sus cuerpos fueron exhibidos brutalmente lacerados cabeza abajo sostenidos por ganchos de carnicería en la Piazza Loreto en Milán.

Churchill, llegó a decir que éste ajusticiamiento les había ahorrado un Núremberg italiano.

¡Alemania! Por los lados de Berlín, en el búnker cercano a la Cancillería, Hitler seguía dando órdenes a divisiones imaginarias y encarando a generales aturdidos más prestos a rendirse que a seguir batallando. Previamente había desechado abandonar Berlín y dirigirse al “Reducto Meridional” en los Alpes bávaros.

Sólo Goebbels y Bormann permanecieron junto al Führer hasta el final. El almirante Doenitz tuvo como misión la de encargarse de la autoridad militar civil del Norte de lo que aún quedaba de Alemania. En cambio, el exitoso general Kesselring, quién había resistido gallardamente en Italia, tuvo como misión ejercer la autoridad en el Sur.

Goering y Himmler pretendieron ser los sustitutos de Hitler para intentar una negociación con los aliados. Ambos fueron considerados traidores por el Führer. El 29 de abril Hitler hizo su testamento y también se casó en secreto con Eva Braun. A su vez, recibió la noticia del ajusticiamiento de Mussolini.

El 30 de abril, luego de almorzar y estrechar la mano de sus más cercanos colaboradores se retiró a sus habitaciones privadas. A través de un disparo en la boca se suicidó. Eva Braun lo hizo tomando veneno. Ambos cuerpos fueron incinerados. El III Reich llegaba a su final. Los mil años terminaron siendo solo doce.

¡Japón! En el teatro de guerra del Pacifico hubo dos acontecimientos que fueron puntos de quiebre a favor de los Estados Unidos. La Batalla del Golfo de Leyte en octubre de 1944 supuso el fin de la flota imperial japonesa. El otro evento fue Okinawa en junio de 1945. La carnicería de Okinawa. “Su captura constituyó la mayor y más prolongada operación anfibia en el Pacifico”. Según el autorizado testimonio del Primer Ministro de Inglaterra. Sólo faltaba el asalto directo al Japón.

Pearl Harbor, el 7 de diciembre de 1941, ya había sido vengado unas cuantas veces. Y la profecía del almirante Yamamoto recogida en la película  Tora! ¡Tora! Tora! de 1970: “Me temo que hemos despertado a un gigante dormido. Su respuesta será terrorífica”. Se había concretado. Japón tuvo todas las de perder contra el gigante americano por su potencia industrial y demográfica.

         El asalto hasta el mismísimo Japón fue puesto en cuestión por el alto mando estadounidense que ponderó la terca y fanática resistencia de los japoneses aun teniendo todos los elementos en contra. Los mil novecientos ataques kamikazes en el marco de la Batalla de Okinawa dejaron establecido que el pueblo japonés dirigido por una casta militar obtusa estaba dispuesto a inmolarse. La veneración sagrada por el Emperador Hirohito pesaba mucho en ese entonces.  

         “Los niños han nacido de modo satisfactorio”. Fue el mensaje cifrado que circuló entre la élite militar de los aliados cuando se supo que el experimento en el desierto de México con la bomba atómica había sido un completo éxito. Esto fue el 17 de julio de 1945. Y las dos bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki se lanzaron los primeros días del mes de agosto.

Si hubo reparos morales nunca lo vamos a saber. Si se tenía, éste nuevo artificio militar, cuyo poder destructivo no tenía parangón en la Historia, y los japoneses no daban muestras de querer rendirse, pues entonces había que lanzarles la bomba atómica. No una, sino hasta dos. Ahorrar vidas estadounidenses a cambio del sacrificio de las vidas del enemigo. Sin importar si las víctimas fueron civiles desarmados.

Además, con la bomba atómica, los aliados occidentales le enviaban un claro mensaje disuasivo al envalentonado Stalin cuyos ejércitos cosacos montaron un Telón de Acero por más de media Europa dinamitando los acuerdos a los que se llegó en la Conferencia de Yalta.

Triunfo y Tragedia, así fue el desenlace de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945). Y que denota la más grande irresponsabilidad/responsabilidad de los distintos dirigentes políticos y militares en destruir o salvar a sus respectivos pueblos. Y todo ello en nombre del ideal nacional.

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