En el corazón del sector La Misión, en la emblemática casa 100B-06 de Maracaibo, las luces de la esperanza permanecen encendidas los 365 días del año. Allí, la señora Nilsa Piñero mantiene viva una tradición, la creación de un pesebre que, desde hace 12 años, se ha convertido en un símbolo de devoción y en el hogar espiritual de toda una comunidad.
Lo que comenzó como un pequeño nacimiento ha ido creciendo y transformándose año tras año, pero su origen es lo más extraordinario. La señora Nilsa relata con humildad que su devoción nació de una aparición: ella vio al Niño Jesús en figura humana.
En aquel entonces, Nilsa no era creyente e incluso había rechazado la invitación de una vecina de la iglesia para realizar una Novena. Sin embargo, esa misma noche, tras ese encuentro celestial, su vida dio un vuelco total, convirtiéndose en una ferviente devota que hoy sirve con amor en la Legión de María de la Iglesia San Ignacio de Loyola.


El milagro de la vida
Aunque Nilsa nunca pidió un nieto, el Divino Niño decidió otorgarle esa alegría. Su hijo de 45 años, ya resignado a no tener descendencia, sorprendió a la familia con la noticia de un embarazo. Pero la prueba de fe no terminó allí; al nacer, el pequeño tuvo que ser ingresado en la Unidad de Cuidados Intensivos. Ante la adversidad, Nilsa se aferró a su fe y le dijo al Niño: "Si tú me lo trajiste, no me lo quites". Hoy, ese pequeño milagro es una realidad palpable que está por cumplir sus dos añitos.

Un legado de amor
Este año, el encendido del pesebre tiene una carga emocional diferente. Este 25 de diciembre, la familia sufrió la irreparable pérdida del señor Evelio Angulo, esposo y compañero de Nilsa por más de 50 años.

Evelio era mucho más que un compañero, fue el cómplice y pilar fundamental que apoyó moral y económicamente a su esposa para que el pesebre evolucionará cada año. Aunque su partida física deja un vacío profundo, Nilsa asegura que su fe en el Divino Niño le otorga la fortaleza necesaria para transitar el duelo y mantener viva la tradición que compartieron por décadas.

Sabe que su esposo la acompaña ahora desde la eternidad, mientras ella continúa con sus tradiciones familiares. El pesebre de la casa 100B-06 es un sitio icónico donde se detienen transeúntes y niños para orar y admirar la obra.
Para el próximo mes de febrero, la familia de la señora Nilsa, espera celebrar la continuidad de esta fe. Sus hijas, quienes residen fuera del país, han prometido una festividad con música y dulces, demostrando que ni la distancia ni la tristeza pueden apagar la luz de un pesebre que se ha convertido en el corazón del sector La Misión.

Mientras tanto, el pesebre de la señora Nilsa Piñero seguirá encendido, recordándonos que, mientras haya fe, la luz de los que amamos, como la de Don Evelio, nunca se apaga realmente.
Noticia Al Dia / Arelys Munda