I Parte.
Hemos llegado a una nueva encrucijada de la historia política de Venezuela, de las muchas que hemos pasado y de las muchas que vendrán, en este transitar de la revolución bolivariana.
Lo que habíamos previsto pasó, para lo que nos habíamos preparado, lo tenemos ya en los caminos y calles del país. Es decir, el enfrentamiento directo con quien nos ha declarado la guerra desde el “por ahora” del comandante Chávez, con quien decidimos retomar las banderas de libertad y autonomía que nos dejó el Libertador Simón Bolívar. Está demostrado que la guerra siempre fue contra los EEUU, y que los lacayos y servidores, ahora rechazados como papel tóale, eran solo eso, los títeres del imperio.
Chávez nos lo dijo, cuando le hablaba a un grupo de oficiales del Ejército Bolivariano de Venezuela. En la IV República no había necesidad de enfrentarse a los EEUU, porque aquella oficialidad y liderazgo cuarto republicano estaban entregados a los gringos. Pues, para honra nuestra, en esta hora y en este momento, en lucha por la libertad, la soberanía, por el presente y futuro político de Venezuela, nos estamos enfrentando a los EEUU.
Pero es necesario entender las dinámicas propias de los hechos, para que la incertidumbre no nos paralice. Que ciertamente en estos momentos dudar es traicionar, pero que si existieran oscilaciones de opinión en cuanto a cómo fueron o son los acontecimientos, reflejados seguramente de las contradicciones particulares, de las formas y las maneras de cómo se dieron los hechos y sus respectivas respuestas, sea una irresolución orientada por la razón, la veracidad de los hechos y el capital político acumulado hasta ahora.
Ciertamente, es indignante ver a nuestro presidente secuestrado, caminar con dificultad y además, arrecha mucho más, ver a su lado, en las mismas condiciones, a su compañera, nuestra compañera, Cilia Flores. Pero desde hace rato hemos aprendido que las circunstancias de la revolución bolivariana no son ni serán fáciles, que cada uno tiene un rol y una responsabilidad específica dentro de este proceso multiforme y pluridimensional, que hay que mirar los acontecimientos tal como lo explica István Mészáros, citado por Chávez, cuando habla del tiempo histórico de la humanidad, infinito, y el tiempo histórico nuestro, finito.
Y es ahí donde consideró que hay que poner el ojo, en el tiempo histórico de la humanidad, a pesar del cansancio y el desgaste emocional que nos abruma. Pero al mirar con claridad histórica lo que se ha construido como país, y que ahora toca defenderlo hasta con uñas y dientes si es necesario, tendremos una dimensión otra que dará fortaleza y nuevas energías.
Trump es un fascista, de los clásicos, de los que no esconden su desprecio por el resto de la humanidad, en discursos bonitos o formas edulcoradas de la diplomacia capitalista, como la europea, o la de Clinton o Barak Obama. Este último fue el que realmente inició la intervención militar contra Venezuela al diseñar un marco jurídico a lo interno de EEUU declarando a Venezuela una “amenaza inusual y extraordinaria”.
Los hechos se han consumado, y como todo acontecimiento real, tiene variadas aristas y contradicciones, sobre las que ya habrá tiempo de analizar y de conversar. Porque ciertamente esas contradicciones, lógicas dentro del maremoto de acontecimientos donde priva la imprecisión y el error humano, pueden hacer mella en la firmeza colectiva de los revolucionarios y revolucionarias que se colocan frente a las orientaciones de sus líderes.
De manera que interesa sobre manera, en primer lugar, asumir con firmeza que “tenemos patria”, que las instituciones del Estado Bolivariano de Venezuela siguen funcionando, y esto pasa porque el secuestro del presidente Maduro y todos los acontecimientos oprobiosos que giran en torno a la violencia militar mercenaria y sicaria de Trump, no lograron los objetivos esperados. Es decir, que no nos desesperáramos, que no fuimos a las calles en un frenético desorden y violencia que convirtiera a nuestro país en un “Estado fallido” y ahí sí, ahí tendrían la justificación perfecta para invadir completamente el territorio, basados, en los que ellos creen infalible, su poder de fuego.
Trump ordenó todas las provocaciones posibles, las sanciones, la guerra contra nuestra moneda, la captura y secuestro de venezolanas y venezolanos en el exterior, amenazas a pueblos y gobiernos hermanos si comerciaban con nosotros, y últimamente el despliegue de una gran flota militar en el mar caribe con su respectiva violación a nuestro espacio aéreo, al mismo tiempo que nos confiscó barcos, una guerra cognitiva con los Medios de Comunicación y redes sociales como vehículos de infantería, todo, todo con el propósito de que respondiéramos, que cayéramos en la trampa de atacarlos y así justificar un gran bombardeo contra la infraestructura critica del país, por supuesto sin tocar nuestras instalaciones petroleras porque en definitiva, como Ustedes bien lo saben, todo se trata de nuestro petróleo.
De manera que la lógica del fascista orgánico de Trump, era llevarnos al terreno o la dimensión de la guerra de “tierra arrasada”, incluso, el secuestro de Nicolás y Cilia, forman parte aún de esa concepción, porque sigue en pie esa pretensión, ese deseo criminal de todos los fascistas nucleados ante la figura máxima del neonazismo internacional, que es el gobierno de los EEUU, en arrasar de la faz de la tierra, todo lo que represente, eso que les da tanto miedo y terror, el chavismo.
Por ello, el mensaje que envía Nicolás, usando sus manos, tiene el propósito de alertarnos que no debemos perder la perspectiva de nuestras formas de unidad, lucha, batalla y victoria. Que el secuestro del presidente nos saca, por ahora, de la lógica belicista o del escenario belicista con sus implicaciones terribles en esta guerra. Hemos entrado ahora en una dimensión jurídico-política o técnico-jurídica en la que nuestra habilidad diplomática y la de nuestros aliados tendrán que fraguar una lucha tan feroz como la otra, pero sin la consecuente destrucción física del país y la muerte en cada esquina de nuestras ciudades y pueblos.
Tenemos que preguntarnos, que hubiese pasado si entramos en la dimensión belicista de la guerra, cuantas de nuestras ciudades y su infraestructura estuviese en pie, cuántos muertos, cual sería las posibilidades de reconstrucción de nuestras formas de ser y de convivir, que tiempo nos quedaría como pueblo y como nación, que cosa le vamos a dejar a nuestros hijos y nietos. Ciertamente pudiésemos optar por los extremos del todo o nada, pero no pasaría de ser una bravuconería inútil. Hemos aprendido con Chávez que la guerra es de quinta generación y multiforme, y la respuesta del pueblo ante el secuestro del presidente así lo demuestra. Alguien me preguntó si podíamos ganarle la guerra a los EEUU, sin duda alguna le dije que sí, tal vez no con las formas, prácticas y procesos del pueblo del Vietnam, Nicaragua, Cuba, entre otros, pero sin duda alguna con el mismo sacrificio y heroicidad que nos identifica. A nosotros, como pueblo, se nos exige asumir todas las formas de batalla posibles en la defensa del país y el continente. Bien lo dijo el compañero Linares -ex vicepresidente de Bolivia-: “Ustedes son los espartanos de este tiempo”.
Por ahora, hemos optado por una dimensión de la guerra, si nos tocará asumir otra, estamos prestos para ello. Por eso, el mensaje de Nicolás es un reconocimiento al pueblo, al pueblo venezolano que otra vez, así como doscientos años atrás, vuelve hacer la vanguardia revolucionaria por la libertad y la autodeterminación de América Latina y el Caribe. La guerra de EEUU es contra el pueblo venezolano, aunque Trump, estúpidamente, crea que secuestrando a Nicolás y a Cilia, acabará, por la vía del chantaje, el amedrentamiento y la extorsión, con el proyecto político, social, económico y cultural de la revolución bolivariana y chavista.
Por eso es tan importante la movilización del pueblo, la expresión de nuestra determinación de ser libres en las calles y en las plazas bolívar, porque cada uno tiene su rol y su responsabilidad en la defensa del país. La liberación de Nicolás y de Cilia, son el triunfo del pueblo, de este pueblo que opto por una nuevo e inédito contrato social, socialista por demás, encarnado en las Comunas y en los Consejos Comunales. El triunfo del pueblo en esta nueva batalla será el triunfo del proyecto de la sociedad comunal venezolana. Ya será el tiempo de saber de dónde surgió o no la traición, el abandono y la dejadez. Porque no asumir responsablemente la defensa de la patria, sin esperar que me llamen o que me den tal o cual cosa, también es un signo de debilidad.
Otros pueblos nos acompañan en esta lucha, con dignidad y con coraje, como lo dijo el Che Guevara: “Ustedes tiene el privilegio de vivir en otra época y hay que ser digno de ella”.
Nicolás y Cilia han abierto un boquete en el inconsciente colectivo internacional, un remozamiento y redimensión de lo simbólico en la lucha contra el imperialismo yanky, hay un panorama interesante de mucha fortaleza y arrollamiento a las formas del “American Way of Life” (estilo de vida idealizado en EE UU) cuya decadencia es inevitable.
Pero de eso hablaremos en la segunda entrega, por ahora, con bandera y coraje, nos vemos en la Plaza Bolívar.
Efraín Carvajal Centeno