La posibilidad de una solución negociada en Oriente Medio se desvaneció este martes, 9 de junio, tras ordenar el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, una serie de ataques aéreos contra territorio de Irán. La ofensiva militar surge como represalia directa al derribo de un helicóptero militar norteamericano frente a las costas de Omán, presuntamente atacado por fuerzas iraníes en el estratégico estrecho de Ormuz.
El Comando Central estadounidense (Centcom) confirmó a través de un comunicado oficial que las fuerzas norteamericanas iniciaron los bombardeos «en legítima defensa» a las 17:00 hora local de Washington (21:00 GMT). Las autoridades militares calificaron la misión como una «respuesta proporcionada a la injustificada agresión iraní», enfocada preliminarmente en desmantelar sistemas de defensa aérea en la región de Hormozgan.
El detonante de este nuevo repunte bélico ocurrió el pasado lunes, 8 de junio, cuando un helicóptero AH-64 Apache del Ejército de EE. UU. se precipitó a tierra cerca de la costa de Omán mientras realizaba labores de patrullaje. De acuerdo con el reporte de la Casa Blanca, las comisiones de rescate lograron poner a salvo de forma inmediata a los dos tripulantes, quienes resultaron ilesos.
A través de su plataforma Truth Social, el mandatario estadounidense Donald Trump aseveró que «Estados Unidos debe, necesariamente, responder a este ataque», desestimando las advertencias previas de las delegaciones internacionales que mediaban un acuerdo de paz.
En paralelo, el ministro de Asuntos Exteriores de Irán, Abás Araqchí, replicó con firmeza a través de sus canales oficiales, asegurando que el Ejército de la República Islámica «no dejará ningún ataque ni amenaza sin respuesta» e instó a las tropas extranjeras a abandonar la región del Golfo Pérsico para resguardar su seguridad.
Colapso de la vía diplomática y tensión regional
Este intercambio de fuego destruye las proyecciones emitidas por la propia diplomacia estadounidense horas antes, la cual ubicaba las negociaciones para el cese de las hostilidades en una «fase final» bajo la mediación de Pakistán.
La reactivación del conflicto interrumpió de inmediato la tendencia a la baja en los precios internacionales del petróleo, mercado que se mantenía optimista ante una posible tregua definitiva, reactivando los temores logísticos por un cierre total del estrecho de Ormuz para el transporte de hidrocarburos.
El repunte de la violencia no solo involucra a las potencias globales, sino que mantiene activos los frentes de combate terrestres y aéreos en el sur de Líbano, donde las fuerzas de Israel intensificaron sus bombardeos sobre localidades como la ciudad histórica de Tiro, provocando evacuaciones masivas y bajas civiles en medio de una crisis humanitaria regional en pleno desarrollo.
Noticia Al Día / Con información de EFE