Miércoles 21 de enero de 2026
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El trágico final del actor de Tarzán: Entre el olvido y el eco de su propio mito

Johnny Weissmuller definió para siempre al personaje en el cine, pasó sus jornadas finales sumergido en la fragilidad de un cuerpo de apenas 45 kilogramos y una mente que ya no le pertenecía

El trágico final del actor de Tarzán: Entre el olvido y el eco de su propio mito
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La imagen del hombre invencible que dominaba la selva con un grito quedó congelada en la pantalla, pero la realidad de sus últimos días fue un contraste desgarrador. Johnny Weissmuller, el actor de Tarzán que definió para siempre al personaje en el cine, pasó sus jornadas finales sumergido en la fragilidad de un cuerpo de apenas 45 kilogramos y una mente que ya no le pertenecía.

Internado en un hospital psiquiátrico de Acapulco, México, el hombre que alguna vez fue el nadador más rápido del mundo caminaba por los pasillos con una bata blanca, repitiendo de manera obsesiva aquel alarido que le dio fama mundial, un eco melancólico de su antigua gloria que ya no lograba reconocer ni a sus propios familiares.

La transición de atleta olímpico a ícono cultural fue casi accidental. Nacido en 1904 en una región de la actual Rumania, Weissmuller emigró a Estados Unidos, donde la natación se convirtió en su refugio tras la muerte de su padre. Su potencia en el agua lo llevó a conquistar dos medallas de oro en los Juegos Olímpicos de Ámsterdam 1928 y a romper récords históricos.

Sin embargo, su entrada a Hollywood ocurrió de forma fortuita cuando, intentando conocer a Clark Gable en los estudios MGM, terminó convenciendo a los productores de que él podía ser el nuevo Tarzán simplemente demostrando que sabía trepar árboles y balancearse en cuerdas con la agilidad de un experto.

El éxito fue inmediato, pero la falta de experiencia actoral de Weissmuller condicionó el rumbo del personaje. Los estudios transformaron al Tarzán educado de las novelas de Edgar Rice Burroughs en un hombre de lenguaje primitivo, apoyado siempre por la Jane de Maureen O’Sullivan para sostener los diálogos principales.

En esa época, el grito de Tarzán se volvió su sello distintivo; una creación que, aunque el actor reclamaba como un talento propio inspirado en el canto tirolés, era en realidad un prodigio de la edición sonora que mezclaba voces humanas, aullidos de hienas al revés y notas de violín.

Pese al estrellato y la fortuna construida, el final del actor estuvo marcado por la pérdida patrimonial debido a sus múltiples divorcios. El 20 de enero de 1984, hace exactamente 42 años, Weissmuller murió bajo el cuidado de su última esposa, María Brock Mandel, quien protegió su imagen hasta el último suspiro para evitar que la prensa registrara su delicado estado.

Aquel día en Acapulco, el grito de la selva se silenció para siempre, dejando atrás la leyenda de un hombre que, aunque perdió la voz y la memoria, nunca dejó de ser Tarzán en su propia soledad.

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