La tradición de las doce uvas en la Nochevieja perdura firmemente en el tiempo, siendo un ritual muy arraigado en países hispanohablantes para atraer la buena suerte en el nuevo año, simbolizando prosperidad mes a mes, y se adapta a las nuevas tecnologías, manteniéndose vigente y adaptándose a nuevas generaciones.
Es un ritual fácil de realizar, sin grandes preparativos, que ofrece una pausa simbólica para cerrar un ciclo y abrir otro con intención y esperanza.
Aunque su origen se sitúa en España (posiblemente a principios del siglo XX por una buena cosecha), se extendió a Latinoamérica y se adapta a las nuevas tecnologías, como ver las campanadas por TV o internet, manteniendo su esencia.
Doce uvas, doce deseos
Cada una representa un deseo para cada mes del año entrante.Se comen una por cada campanada de medianoche, al ritmo del reloj y se cree que comerlas todas a tiempo asegura un año de buena fortuna y éxito.

En algunos lugares se comen pasas si la uva escasea, y existen versiones comerciales de uvas sin pepitas para facilitar el ritual.
Se consumen al ritmo de las campanadas que marcan la medianoche del 31 de diciembre.
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