Lunes 26 de enero de 2026
Ciencia

¿Sabías que el eter, primero, se usó para divertirse en las fiestas y, después, pasó al quirófano?

Imagínate un laboratorio envuelto en sombras en la Alemania de 1540. El aire huele a leña quemada y a extrañas…

¿Sabías que el eter, primero, se usó para divertirse en las fiestas y, después, pasó al quirófano?
¿Sabías que el eter, primero, usó para divertirse en las fiestas y, después, pasó al quirófano?
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Imagínate un laboratorio envuelto en sombras en la Alemania de 1540. El aire huele a leña quemada y a extrañas pociones. Allí, un joven prodigio de apenas 25 años llamado Valerius Cordus inclina su rostro sobre un matraz. Entre sus manos, tras mezclar con cuidado ácido sulfúrico (el "aceite de vitriolo") con alcohol de vino, nace un líquido volátil, transparente y misterioso.

Cordus lo llamó "aceite dulce de vitriolo". No lo sabía aún, pero acababa de invocar al éter, una sustancia que cambiaría la historia del dolor humano para siempre.


El Sueño Silencioso: De la Alquimia a la Cirugía

Aunque Cordus documentó su síntesis, el éter permaneció como una curiosidad química o un juguete recreativo durante siglos. Se usaba en "fiestas de éter" donde la gente lo inhalaba para reír y tambalearse, pero el quirófano seguía siendo un lugar de pesadilla, gritos y correas de cuero.

No fue hasta mediados del siglo XIX cuando el mundo despertó ante su verdadero poder:

  • 1842 – 1846: Crawford Long y William Morton demostraron que, bajo sus vapores, un cirujano podía cortar la carne y el paciente no sentía más que un sueño profundo.
  • La Victoria sobre el Dolor: Por primera vez en la historia, la medicina pudo ser lenta, precisa y humana. Ya no importaba qué tan rápido pudiera amputar un médico, sino qué tan bien pudiera curar.

¿Por qué el éter nos "duerme"?

A diferencia de un golpe o un sueño natural, el éter realiza un secuestro químico muy sofisticado en nuestro sistema nervioso.

  1. Interrupción de la Comunicación: El éter es una molécula pequeña que se disuelve fácilmente en las grasas (lípidos) de las membranas de nuestras neuronas.
  2. El Freno Cerebral: Una vez allí, potencia la acción del GABA, el principal neurotransmisor inhibidor del cerebro. Es como si el éter pusiera un "pesado candado" en las puertas de comunicación de las neuronas, impidiendo que las señales de dolor lleguen a la conciencia.
  3. Desconexión del "Yo": El cerebro sigue vivo, pero las distintas regiones dejan de hablarse entre sí. La persona entra en un estado de inconsciencia donde el tiempo y el dolor simplemente dejan de existir.

El Éter en la Actualidad: Un Legado Transformado

Hoy en día, si entras a un hospital moderno, es poco probable que huelas el punzante aroma del éter sulfúrico de Cordus. Ha sido reemplazado por parientes más seguros y menos inflamables (como el sevoflurano), pero su linaje sigue vivo:

  • Medicina Moderna: Sirvió de base para desarrollar los anestésicos inhalados que usamos hoy en cirugías complejas.
  • Uso Industrial: Es un solvente magistral. Se utiliza en laboratorios para extraer grasas, aceites y resinas, y en la fabricación de plásticos y combustibles.
  • Motores: Debido a su altísima inflamabilidad, se usa como fluido de arranque para motores de combustión en climas extremadamente fríos, donde la gasolina se resiste a encender.

Valerius Cordus murió joven, de malaria en Roma, sin sospechar que su "aceite dulce" se convertiría en el ángel guardián de millones de pacientes siglos después.

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