Cada 20 de enero, nuestro país rinde homenaje a quienes tienen la noble misión de velar por el tesoro más preciado de una nación: su infancia.
La elección de esta fecha no es fortuita. Se remonta al año 1939, cuando el Dr. Gustavo Machado, figura sobresaliente de la medicina nacional y primer presidente de la Sociedad Venezolana de Puericultura y Pediatría (SVPP), instauró este día para unificar al gremio y destacar la importancia de la especialidad en el desarrollo del país.
Desde entonces, la pediatría en Venezuela ha evolucionado más allá del consultorio. El pediatra no solo vigila el crecimiento y desarrollo desde el primer aliento hasta la adolescencia; se ha convertido, por derecho propio, en el médico de la familia. Es quien conoce la historia de los hermanos, quien calma la ansiedad de los padres primerizos y quien celebra, junto a los representantes, cada centímetro ganado en la tabla de crecimiento.
Un lazo de confianza
Desde las aulas, los futuros médicos comprenden que ser pediatra requiere una combinación exacta de rigor científico y una sensibilidad humana inagotable. Estos profesionales son los guardianes de las vacunas, los expertos en nutrición y los primeros en detectar cualquier obstáculo en el desarrollo, pero también son quienes regalan una sonrisa o una mano amiga para transformar el miedo en valentía.
El pediatra es el primer aliado de la vida. Su labor trasciende la cura de una fiebre; se trata de construir las bases de un adulto sano y feliz.
Noticia Al Dia / Arelys Munda