Esa tarde me detuve a conversar con mi amigo Edgar Moreno, colega de la fotografía, cuando una señora salió de la casa de enfrente y, de inmediato, le dije: “Ella debe hacer buenos retratos”.
Él sonrió: “Es una gran señora, amiga de muchos años y, además, hermana de Joe Arroyo, el mismo que puso a vibrar a Colombia y al mundo entero”.
Le pedí hacerle una sesión de fotografía y aceptó con una naturalidad hermosa. La sesión fue un disfrute total: energía, calidez y muchas historias. Me habló de su hermano, de cómo lo acompañó incluso en la elección de su vestuario cuando venía a Maracaibo y de su despedida en Barranquilla. Sus palabras tenían ese peso de quien ha vivido el amor y la pérdida al mismo tiempo, con un pueblo entero siguiéndolo al son de La Rebelión, esa protesta hecha música que movió la costa Caribe donde nació.
Hay retratos que no solo capturan rostros, sino historias que se quedan contigo para siempre. Ella es Rosalina Arroyo de Rodríguez.






Gustavo Bauer