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¿Qué pasó en los primeros 100 días del cristianismo?: El estremecimiento de un imperio

Resucitado Jesús el Nazareno y ascendido al cielo, comienza una larga historia que nos alcanza hasta el día de hoy. Partir de un hecho trascendental como lo es una “tumba vacía” (Mateo 28:6), el testimonio de las mujeres —donde sobresale la figura de La Magdalena afirmando que le ha visto (Juan 20:18)—, los encuentros posteriores, un Santo Tomás metiendo su dedo en las heridas (Juan 20:27) y la elevación al cielo presenciada por medio millar de personas (1 Corintios 15:6), constituyen el fundamento de una fe ante cuya imponencia se han desecho imperios.

Surge hoy la curiosidad por saber qué pasó exactamente en esos primeros 100 días. Fue la llamada Era Apostólica, cuando aquellos hombres temerosos y torpes para hablar mutaron en líderes poderosos capaces de desafiar al mismísimo César.

Cronología de la Verdad: Del Miedo al Poder

Para entender esta mutación, debemos mirar el calendario de esos tres meses y medio:

  • Día 1 al 40 (Las Apariciones): Jesús consolida la fe de los suyos. Según nos narra Hechos 1:3, se les presentó con «muchas pruebas indubitables» durante cuarenta días, hablándoles acerca del reino de Dios. No son visiones fantasmales; es el Maestro comiendo con ellos. La duda se disipa.
  • Día 40 (La Ascensión): El líder se marcha desde el Monte de los Olivos, pero deja una promesa clara: «recibiréis poder cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo» (Hechos 1:8-9). Los once regresan a Jerusalén a esperar «el poder de lo alto».
  • Día 50 (Pentecostés): El gran estallido. Tal y como lo narran los Evangelios y Hechos 2:1-4, Cristo cumple su palabra: llega el Espíritu Santo como un viento recio y lenguas de fuego. Ese solo día, tras el discurso de Pedro, se añadieron como tres mil personas (Hechos 2:41).
  • Día 51 al 100 (La Expansión): Lo que vino después fue grandioso. El cristianismo se regó como pólvora cuando los discípulos comenzaron a realizar los mismos milagros que El Maestro, el Hijo del Carpintero. Sanaciones públicas y discursos encendidos pusieron en jaque a las autoridades. Un ejemplo claro es la sanidad del cojo en la puerta del Templo llamada «La Hermosa», ejecutada por Pedro y Juan (Hechos 3:1-10).

El Desafío al Sanedrín y la Sombra de Saulo

Ante los rumores y falsos testigos pagados por el Sanedrín para desacreditar la resurrección —alegando estúpidamente que el cuerpo lo habían robado (Mateo 28:12-13)—, la mentira no pudo sostenerse. La prueba final fue la disposición de estos doce hombres a dejarse matar. Nadie sufre persecución y horribles torturas por un engaño que él mismo ha inventado.

En este contexto de los primeros meses, surge la figura temible de Saulo de Tarso. Aunque su conversión definitiva camino a Damasco ocurre poco después de este rango (Hechos 9), ya en estos primeros tiempos lo vemos «asolando la iglesia» y entrando casa por casa para arrastrar a hombres y mujeres a la cárcel (Hechos 8:3). Él era el encargado de intentar apagar esa llama que, paradójicamente, terminaría por encenderlo a él también. La fuerza de la verdad y del amor ganaron terreno.

El Destino Final de los Testigos (El Sello de Sangre)

La llama de Pentecostés los llevó hasta los confines del mundo conocido, y casi todos sellaron su testimonio con la vida, cumpliendo lo que la tradición y los historiadores antiguos (como Eusebio de Cesarea o Josefo) documentaron:

  • Jacobo (hijo de Zebedeo): El primero en morir, pasado a espada por Herodes Agripa (Hechos 12:2).
  • Pedro: Crucificado cabeza abajo en Roma (Tradición recogida por Orígenes).
  • Andrés: Crucificado en una cruz en forma de X en Acaya (Grecia).
  • Felipe: Martirizado en Hierápolis (Turquía).
  • Bartolomé: Desollado vivo y decapitado.
  • Tomás: Atravesado por lanzas en la India (Tradición de la Iglesia Malankara).
  • Mateo: Martirizado en Etiopía.
  • Santiago (el Justo): Lanzado desde el pináculo del Templo y apaleado (Antigüedades Judías, Josefo).
  • Judas Tadeo y Simón el Zelote: Martirizados en Mesopotamia y Persia.
  • Matías: Lapidado y decapitado en Jerusalén.
  • Juan: El único que murió de vejez en Éfeso, tras sobrevivir al destierro en la isla de Patmos (Apocalipsis 1:9).

Las ramas de un mismo tronco: Tradiciones fundamentadas en el Misterio Pascual

El impacto de aquellos primeros 100 días fue tan profundo que hoy, miles de años después, el sacrificio y la victoria de Jesús sobre la muerte (la Pasión, Muerte y Resurrección) son el cimiento de diversas confesiones cristianas:

  • Iglesia Católica Apostólica Romana: La tradición más numerosa, que mantiene la sucesión apostólica desde San Pedro.
  • Iglesias Ortodoxas (Oriental y Bizantina): Separadas en el Gran Cisma de 1054, conservan con gran misticismo la liturgia y la teología de los Padres de la Iglesia.
  • Iglesias Protestantes y Evangélicas: Surgidas de la Reforma del siglo XVI (luteranos, calvinistas, anglicanos, bautistas, pentecostales), centran su fe en la autoridad de las Escrituras y la redención por la gracia de la Resurrección.
  • Iglesias Orientales Antiguas: Como la Copta (Egipto), la Armenia y la Etíope, que guardan tradiciones milenarias desde los tiempos apostólicos.

Conclusión: Aquellos primeros 100 días no fueron el cierre de una vida, sino el nacimiento de una era. La llama sigue encendida, y el «estremecimiento» de aquel imperio fue solo el comienzo de una historia de amor y fe que hoy abraza a millones de personas en todo el mundo. Aquellos doce hombres no murieron por una mentira; murieron por una verdad que vieron con sus propios ojos y que hoy seguimos contando.

JC

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