Según la más reciente actualización del Centro de Predicción Climática de la NOAA, el fenómeno de «El Niño» avanza con una rapidez superior a la prevista, elevando a un 66% las probabilidades de que alcance una intensidad «fuerte o muy fuerte» hacia finales de este 2026.
El informe técnico revela que un enorme reservorio de agua cálida en las profundidades del Pacífico está emergiendo, lo que intensificará el calentamiento oceánico durante el verano y el otoño. Los modelos meteorológicos más fiables sugieren que este episodio podría rivalizar con el histórico «Súper El Niño» de 2015-2016, considerado el más potente registrado desde mediados del siglo pasado.
Este patrón climático no solo altera las temperaturas, sino que «carga los dados» hacia eventos extremos. Mientras que en el Caribe y Asia se anticipan sequías prolongadas y un debilitamiento de los monzones, otras regiones podrían enfrentar lluvias torrenciales e inundaciones. De hecho, la vulnerabilidad ya es evidente: este 13 de mayo, Caracas sufrió el colapso de vías, árboles caídos y fallas eléctricas tras intensas precipitaciones que sirven como recordatorio de la fragilidad ante cambios atmosféricos bruscos.
Impacto global
Michelle L’Heureux, responsable del pronóstico en el Climate Prediction Center (CPC), explicó que la clave será la sincronización entre el calor oceánico y el debilitamiento de los vientos. Con el calentamiento global como base, la NOAA anticipa que 2026 se posicionará casi con seguridad entre los cinco años más cálidos jamás registrados, pudiendo incluso establecer nuevos récords históricos debido al impulso adicional de El Niño.
Aunque este fenómeno suele frenar la temporada de huracanes en el Atlántico, su magnitud actual obliga a las autoridades y organismos de gestión de riesgos a monitorear de cerca su evolución, dado que sus repercusiones en la agricultura, el suministro eléctrico y la seguridad ciudadana serán de alcance mundial.
Noticia Al Día / Con información de NOAA