Nuestro colaborador habitual en el área de Cultura nos ha enviado estos apuntes suyos sobre la película que ya ganó, en el pasado enero, el Globo de Oro y que está nominada para los Oscares, en marzo próximo.
HAMNET: “El resto es silencio”…He visto y he sentido en mi alma teatral la película que la genial cineasta china, Zhao Ting (Pekín, 31 de marzo de 1982), más conocida cómo Chloé Zhao, ha realizado a partir de la novela de la periodista y escritora irlandesa, Maggie O’ Farrell, quien, en 2020, recibió el premio del Círculo Nacional de Críticos del Libro de Estados Unidos y quien ficcionalizó episodios de la vida de los esposos, Anne Hathaway y William Shakespeare, así como la muerte de su hijito Hamnet y la escritura y puesta en escena de la legendaria tragedia Hamlet. El resultado: Una película indispensable para mirar y admirar como una obra maestra del cine de esta era.
Proclamo que todo teatrista, fundacional o amateur, de cualquier lar del orbe, debe intentar apreciar esta película donde historia, amor, vida, muerte, pasión, poesía, magia, nigromancia, teatro y cine aparecen fundidos en una sagrada épica de luz (la fotografía es del polaco Łukasz Żal) y sonoridad (la música la hizo el germano Max Richter), sublimes.

También yo estuve, varias veces, a orillas de mi propio río Támesis, dispuesto a lanzarme, agobiado por ingentes circunstancias. Siempre tuve mi hijo “Hamnet” o esa compañera, “Agnes”, también a mi madre María y a la familia lista para rescatarme de tales extremismos ontológicos. Pero también tuve, siempre, al Teatro, como compromiso y como norte poético, para tener la calma, paciencia y cordura suficientes como para aguardar el próximo estreno. Así suele ser la vida de los artistas. Sobretodo de los artistas comediantes. Chloé Zhao, en el mero centro de mi pecho, con su Hamnet, así me lo ha “restregao”, jejeje
La propia directora Zhao trabajó con la edición, resuelta en comedidos “negros” que orientan al espectador por entre las raíces profundas de antiquísimos árboles de un bosque donde el vuelo de un halcón instiga un sentimiento espléndido de fe y esperanza en un mundo que fluctúa entre el oscurantismo postmedieval y el inquietante devenir prerrenacentista y su periodo Isabelino. Aunque son dos filmes muy distintos, en cada encuadre aparece esa inquietante dulce fiereza que cautivó en “Nomadland”, otra magistral cinta, con la que ganó el Oscar como Mejor Directora y Mejor Película, en 2001. Ella es extraordinaria.

Como extraordinarias son las actuaciones de la poderosa irlandesa Jessie Buckley, todo un milagro como esa mujer “shakespereana” que me ha dejado temblando, al ver su rostro, transformando un profundo rictus de dolor en una conmovedora sonrisa esperanzada. La verdad es que ultimamente he tenido un muy intenso íntimo contacto con el teatro trágico y épico de William Shakespeare, merced al brillante trabajo de Baralt Teatro Clásico. Nunca entenderé a León Tolstoi depredando la grandeza del bardo de El Globo. Brillante y al nivel de su estrella encontramos a Paul Mescal, soberbio y dúctil en su amor progresivo y castigado, logrando que amemos mucho más al autor de Romeo y Julieta y La tempestad. Es el más grande dramaturgo, junto con su leyenda. Mención especial tienen los hermanitos, Noah (Hamlet) y Jacobi (Hamnet) Jupe, un par de estrellas en ciernes y quienes confieren a la película un plus extraordinario, ya los verán. También brillan Emily Watson y Joe Alwyn, como personajes entrañables que sustentan esa sensación de hoguera cálida familiar, otro de los secretos bien guardados del filme.

Mientras batallaba contra mi delicioso estremecimiento, al final de la película, me parecía escuchar al mismísimo William, el Shakespeare de mis amores tiernos, en la segunda escena del Acto Tercero del “Hamlet: Ni seas tampoco demasiado frío; tu misma prudencia debe guiarte. La acción debe corresponder a la palabra, y ésta a la acción, cuidando siempre de no atropellar la simplicidad de la naturaleza. No hay defecto que más se oponga al fin de la representación que desde el principio hasta ahora, ha sido y es: ofrecer a la naturaleza un espejo en que vea la virtud su propia forma, el vicio su propia imagen, cada nación y cada siglo sus principales caracteres. Si esta pintura se exagera o se debilita, excitará la risa de los ignorantes; pero no puede menos de disgustar a los hombres de buena razón, cuya censura debe ser para vosotros de más peso que la de toda la multitud que llena el teatro…” E, incluso, antes de esto, las claves para el buen actuar: “Aun en el torrente, la tempestad, y por mejor decir, el huracán de las pasiones, se debe conservar aquella templanza que hace suave y elegante la expresión. A mí me desazona en extremo ver a un hombre, muy cubierta la cabeza con su cabellera, que a fuerza de gritos estropea los afectos que quiere exprimir, y rompe y desgarra los oídos del vulgo rudo; que sólo gusta de gesticulaciones insignificantes y de estrépito. Yo mandaría azotar a un energúmeno de tal especie: Herodes de farsa, más furioso que el mismo Herodes. Evita, evita este vicio”.
Les apuntaba que León Tolstoi, en 1906, intentó cargarse al vate protagonista de esta obra de Zhao-O’Farrell, pero terminó enredado en su propia madeja: “Recuerdo el asombro que sentí cuando leí a Shakespeare por primera vez […] Shakespeare sondeó el abismo del horror hasta sus más profundas profundidades, y su espíritu no mostró miedo, ni vértigo, ni debilidad ante la visión”, dice Brandes. “En el umbral de esta obra, un sentimiento de asombro se apodera de uno, como en el umbral de la Capilla Sixtina, con su techo de frescos de Miguel Ángel; solo que aquí el sufrimiento es mucho más intenso, el lamento más descontrolado y las armonías de la belleza más claramente quebradas por las disonancias de la desesperación”. Creo que el maestro ruso hizo bien al olvidarse de WS y consagrarse a Guerra y Paz, así como Ana Karénina. Mientras tanto, Hamnet, la película que ningún amante del gran arte se debería perder. “Ser o no ser”.

(Alexis Blanco)