Sábado 07 de febrero de 2026
Al Dia

Alexis Blanco escribió esta “Barroca Crónica Cuántica” de una muy íntima película teatral llamada “Valor Sentimental”

En exclusiva, presentamos a continuación los apuntes del crítico de arte del Teatro Baralt, miembro del equipo del Blog Del Teatro Venezolano y reportero ad honorem de Noticia Al Día, acerca de otra extraordinaria joya cinematográfica de nuestro tiempo, también muy vinculada con la historia universal del arte de la actuación. Menester será leerlos y sentirlos…

Alexis Blanco escribió esta “Barroca Crónica Cuántica” de una muy íntima película teatral llamada “Valor Sentimental”
Facebook Twitter Whatsapp Telegram

VALOR SENTIMENTAL: Acerca del infinito afán de la memoria

Sólo quienes han subido a un escenario y han sentido ese delicioso estado de pánico escénico, previo al comienzo de una representación teatral, podrán comprender a cabalidad ese incendio desde las entrañas que consume a “Nora Borg”, el personaje protagonista de esta última extraordinaria película del noruego Joachim Trier, “Valor Sentimental”, la cual, con un Globo de Oro en su muy rutilante palmarés, se apresta ahora a coronarse en marzo próximo, durante la ceremonia de los Premios Oscar.

“Nora Borg”, la actriz de la ficción de Trier, interpretada en el filme por la excepcional noruega Renate Reinsve, tiene que salir a escena para un pequeño rol en una obra del maestro ruso, Anton Chejov. Pero también ella estará después convocada para protagonizar “Nora” (“Casa de muñecas”), obra de su compatriota Enrik Ibsen y de donde le proviene su nombre:


“HELMER: ¡Claro! Como abogado, lo he comprobado en numerosas ocasiones. Casi todas las personas depravadas en su juventud han tenido madres embusteras.


NORA: ¿Por qué madres… precisamente?
HELMER: De ordinario son las madres; aunque, como es lógico, también los padres influyen en este sentido. Bien lo saben todos los abogados.”.

Ojo: ese texto citado de Ibsen no está incluido en el filme de Trier, pero he aquí que lo utilizo para referirlo y para no arruinarles la fiesta a ustedes, bienamados lectores, con necios “spoilers”. No, señor… Aunque también pude haber enloquecido un poco, citando aquella bella canción de Lennon y Los Beatles, citada por Haruki Murakami: “Y cuando desperté, estaba solo; este pájaro había volado. Así que encendí un fuego. ¿No es buena la madera noruega?”.

Joachim Trier habla de su película maravillosa: “Lo que heredamos no es propiedad: es memoria”. Así planteada, "Valor sentimental" es un drama familiar, discretamente devastador, sobre el legado, el ego artístico y el patrimonio emocional del que nunca nos desprendemos. Cuando un cineasta, antaño aclamado, regresa a la vida de sus hijas distanciadas, viejas heridas resurgen en una casa que ha absorbido generaciones de amor, abandono, ambición y silencio… Una ojeada a la enciclopedia virtual refleja:
“Sentimental Value” (2025), dirigida por Joachim Trier, es una película noruega que evoca la intensidad dramática de Henrik Ibsen, explorando traumas familiares no abordados, el distanciamiento y la carga de la memoria. La protagonista, Nora, es una actriz que interpreta el papel de Nora en Casa de muñecas, de Ibsen, reflejando la búsqueda de liberación y autenticidad del clásico…”.

Así, como una preciada joya familiar muy antigua, van apareciendo las claves, los objetos cuyo valor sentimental florece durante las dos horas de la película: culpas, actos fallidos, descomunicación, oscuros recuerdos gregarios, dolorosos recuerdos del fascismo y sus agravios torturantes. Dos niñas crecen escuchando conversaciones de terapias terribles, en una antigua casa donde los ductos calóricos incendian las almas ofuscadas por la postguerra y sus crímenes extendidos.

Un muchacho crece y envejece marcado por la culpa y el estupor ante el suicidio de su madre. Es un artista que proclama la palabra libertad como el componente fundamental de toda obra estética importante. Libertad, recordábamos desde Erich Fromm, es soledad muy sola.

Cuando entra a escena, al actor o actriz le sucede esa paradoja terrible: tiene detrás a todo un equipo humano, técnico y artístico que le acompaña, pero en verdad está íngrimo ante ese monstruo, esa hidra llamada El Público. Por ahí transcurre la pieza cinematográfica de Trier, por ese mundo de espectros vivientes llamado teatro. Así, los “Borg” son gente de teatro y por ello las alusiones a Medea, no solo la de Eurípides, sino tal vez a la reescrita por Heiner Müller, subyacen en la mente del espectador cinéfilo.

Como también le seducirán esas subyacentes alusiones al médico ruso dramaturgo, Anton Chejov, en cuyas obras el tiempo pareciera detenerse en el ser de los personajes, cuyos conflictos, también impregnados de soledad, permean toda la estructura familiar. Susurros vuelan: “Lo raro y muy admirable es que a Trier le haya cabido un particular y fino sentido del humor y un fardo de mordacidad en su ‘container’ colmado de drama sin resquicios y que a través de sus personajes nos hable de las diferentes calidades del arte, del cine, de la frivolidad de redes y plataformas, o la escenificación del miedo de salir a escena y actuar…”.

Al extraordinario maestro sueco, Stellan John Skarsgård (Gotemburgo, 13 de junio de 1951), ya le llueven los premios como actor, por esta interpretación de “Gustav Borg”, un artista consagrado invadido por las culpas devenidas de su propio oficio. Ha abandonado a sus sendas hijas y solo dedicó tiempo a una porque la incluyó como niña actriz en uno de sus más exitosos filmes tempranos. Sin embargo, su vida íntima está destrozada y solo desea intentar reivindicarla a través de una última película cuyo guion tiene listo y que él necesita que sea Nora, su hija actriz, quien lo protagonice. Ella se niega rotundamente, ni siquiera a leerlo. Vaya golpazo.

Stellan Skarsgård ha sumado notoriedad a su gran éxito profesional, por sus demoledoras declaraciones contra el régimen de Donald Trump y lo que él considera una real amenaza mundial. Pero su autoridad artística rebasa todo nivel: Stellan es el papá de toda una generación de estrellas Skarsgård: Alexander, Bill, Gustaf y Valter.

Aquí necesitamos comprender cómo, en estas dos últimas crónicas sobre cine, encontramos referencias de artistas escénicos trascendiendo la tendencia a la frivolidad de las “selfies” y los “likes”, para proponer verdaderos acercamientos de los espectadores hacia los grandes valores universales del oficio de ficcionar la realidad o de construir ficciones desde esta. Nunca olvidemos que los actores y actrices importantes están en una cruzada en defensa de los derechos de imagen y de voz. Un asunto insólito pero muy vigente. La muerte del Ser y del Otro a manos del capitalismo.

Volviendo al film de Trier, encontramos otra poderosa figura protagónica, cuyo nombre también nos resultará muy familiar desde el punto de vista de lo teatral: “Agnes Borg”, hermanita hermosísima de “Nora”, está interpretada por la también noruega, Inga Ibsdotter Lilleaas, una presencia fundamental de la narrativa de Trier. Ella es la madre de “Erik”, el nieto de “Gustav”, felizmente interpretado por el niño actor Øyvind Hesjedal Love, y para quien su abuelo tiene planes interesantes: quiere que lo interprete cuando era ese niño que padeció el suicidio de su madre, “Karin”, una activista contra los nazis, cuyas ideas políticas le costaron sendos años de su propia vida.

Cuando “Nora” rechaza el proyecto de su padre, este se encuentra, en un festival de cine donde se celebra su trayectoria, con “Rachel Kemp”, una estrella de cine en ciernes, interpretada por la formidable actriz estadounidense Elle Fanning. El veterano director quiere que ella haga ese papel tan transcendente, pero ella, aun haciendo un alarde de maestría interpretativa, reconoce que no podrá dar el rol.

Y entonces tiene lugar otra gran escena-lección de actuación: humilde y otra vez humilde, va y habla con el maestro y le ruega que acepte su renuncia al personaje. “Eres una buena persona”, le dice el viejo y entonces recordé ese principio, acuñado por un maestro polaco del periodismo, Ryszard Kapuściński: “Para ser un buen periodista (artista, digo yo), hay que ser fundamentalmente una buena persona”. Sin duda.

El cine, como el teatro, solo funciona bien si se hace en equipo. A Trier parece funcionarle muy bien esa fórmula, coescribiendo el guion junto con Eskil Vogt, el mismo con el que hizo otra de sus muy notables películas, “La peor persona en el mundo”. Ese trabajo en equipo se refleja en “Valor sentimental”. Aquí tanto el antiguo productor, junto con su camarógrafo, son rescatados por “Gustav” del ostracismo y el olvido profesional. Recordé el guion de mi inolvidable hermano, Jacobo Penzo, en cuya película “Borrador” me puso a interpretar el rol de “Metáforo”, “Meta”, su sonidista de confianza. Así son los grandes directores: muy de familia.

Cierro con ese monólogo de “Nora”, una extraordinaria revelación o epifanía. Les aseguro que esta película, Valor Sentimental, con mucho puede ayudarnos a encontrar a Dios y sus misterios divinos:
“Sabes, no creo en Dios para nada. Veníamos de un hogar donde todo eso era irrelevante. No nos bautizamos. Mi hermana y yo tuvimos una confirmación civil solo por dinero. Entonces tuve una especie de crisis. Estaba sola en casa otra vez, tumbada en la cama, llorando. Sé que todos se tumban en la cama llorando en algún momento, pero… Alguien dijo que rezar no es realmente hablar con Dios.

Es reconocer la desesperación. Tirarse al suelo porque es lo único que puedes hacer. Algo así como un desamor: "Llámame. Por favor, cambia de opinión". "Llévame de vuelta". Ahí estaba. Lo había arruinado todo. Estaba sola, tumbada allí, llorando. Y entonces, por primera vez, me senté y recé. Es difícil de explicar. No sé a quién le recé, pero lo dije en voz alta: "Ayúdame. No puedo con esto. No puedo hacerlo sola. Quiero un hogar". Dios es nuestro gran “valor sentimental”. Lo juro.


(Alexis Blanco)

Noticias Relacionadas